Dentro de muy poco tiempo - el 9 de Mayo en
No podemos permitir que los partidos sean para unos pocos, como bien decía Weber cuando explicaba cómo eran las estructuras de los partidos en Inglaterra: de notables y aristócratas. Estas instituciones fundamentales del sistema democrático deben producir un cambio a favor de la comunidad en general y no sólo en favor de unos pocos.
Como ha dicho el profesor Midón: "Cuando un grupo de afiliados convierte al partido en un clan, y al pluralismo partidario en un corporativismo rígido, queda la sensación maligna de que se antepone el partidismo a la institucionalidad, la cofradía a la membresía funcional de y en un órgano de poder. Si el descreimiento y la falta de confianza en las dirigencias es, al día de hoy, un muy mal síntoma para la sociedad democrática, esta práctica no hace sino profundizar el escepticismo",
En el año 2001, como consecuencia de la crisis política, económica y moral que desató el nefasto gobierno encabezado por Fernando de la Rúa, la sociedad realizó un reclamo a la dirigencia política: una reforma que acerque nuevamente los partidos políticos a la sociedad y que los mismos tengan un nuevo perfil, por medio de mecanismos que permitieran la renovación de su dirigencia. Ese era el verdadero significado del “que se vayan todos”, salvo para algunos minúsculos grupos de izquierda que aún piensan en formas de gobierno de tipo asamblearia o cosas por el estilo
Algunas organizaciones han intentado renovar sus métodos y su dirigencia, otros ni siquiera se lo han propuesto. El éxito o el fracaso en esta tarea ha determinado los resultados de las elecciones realizadas desde aquellas fechas hasta hoy. Incluso, la sociedad ha buscado en figuras extra políticas o partidarias, como Macri o de Narváez (y también a través de miembros de la farándula) nuevos representantes. Hoy, la sociedad con acceso a la información (por lo tanto generadora -y receptora- de ese fenómeno denominado “opinión pública”) observa y se guía, poniendo sus expectativas en las actitudes reales, en los comportamientos y conductas de los dirigentes de los partidos antes de otorgarles su confianza.
Del mismo modo, una elección interna se define de acuerdo a la cantidad de afiliados que participen de ella. Si son pocos, los aparatos partidarios llevarán las de ganar. Si, en cambio, la sociedad decide involucrarse y formar parte del proceso de renovación, seguramente quienes resulten electos estarán obligados a cumplir los “contratos electorales” asumidos, so pena de ser denostados por la misma gente que los apoyó y generar, así, una nueva crisis.
Por eso les decimos a los afiliados: participen. Háganlo masivamente, como en 1983, para volver al partido grande y triunfador.
Si fracasamos, estaremos dejando al país y al distrito al borde del abismo. El autoritarismo populista y el de derecha están a la vuelta de la esquina, agazapados, esperando el fracaso y la desaparición de la Unión Cívica Radical.
Para esto sirven las internas. Esto es lo que está en juego en los próximos días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario